Amigo mío: Te voy a hacer la pregunta más importante de tu vida. El gozo o la tristeza que experimentes en la eternidad dependen de tu respuesta. La pregunta es: ¿Estás salvado? La pregunta no es cuán bueno eres, o si perteneces a alguna iglesia, sino ¿estás salvado? ¿Estás seguro que irás al cielo cuando mueras?

Dios dice que para ir al cielo, tienes que nacer de nuevo. En Juan 3:7, Jesús le dijo a Nicodemo, “Os es necesario nacer de nuevo”. Dios nos da en la Biblia el plan de cómo nacer de nuevo, o cómo salvarse. Su plan es muy sencillo y tú puedes salvarte el día de hoy. ¿Cómo?


En primer lugar, amigo mío, debes reconocer que eres pecador. “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Por cuanto eres pecador, estás condenado a la separación eterna de Dios. “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6.23). Esta muerte incluye una separación eterna de Dios en el infierno. “ . . . está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27.

Sin embargo, Dios te amó de tal manera que dio a su Hijo unigénito, Jesucristo, como tu sustituto. El pagó por tu pecado en la cruz y murió en tu lugar. “ . . . por nosotros Dios lo hizo pecado (A Jesús, quien no conoció pecado) para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).

Jesús tuvo que derramar su sangre y morir por ti. “Porque la vida de la carne en la sangre está”, (Levítico 17:11).

“Sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22).

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Nuestra mente no alcanza a comprender cómo Jesús fue juzgado por todos nuestros pecados, pero Dios así lo afirma en su Palabra. Así que Jesús pagó por tu pecado y murió por ti. Esto es verdad, Dios no puede mentir.

Amigo mío, “Dios . . . ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Este arrepentimiento es un cambio de mente, es aceptar delante de Dios que eres pecador y necesitas apropiar lo que hizo por ti en la cruz.

En Hechos 16:30-3l, el carcelero de Filipos les preguntó a Pablo y Silas: “ . . . Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo . . . ”. Simplemente cree que él pagó por tus pecados, murió en tu lugar, fue sepultado, y resucitó. Esta resurrección le asegura al creyente que tiene vida eterna cuando recibe a Jesús como su Salvador personal.

Simplemente tienes que creer que él pagó por tus pecados, murió en tu lugar, fue sepultado y resucitó por ti. Luego invócalo. “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13. “Todo aquel” te incluye a ti. “Será salvo” no significa que quizá sea salvado, sino que afirma que será salvado. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

En Lucas 18:13 encontramos que el pecador oró: “ . . . Dios, sé propicio [misericordioso] a mí, pecador”. Seguramente te das cuenta que eres pecador. Ahora mismo, dondequiera que estés, dirígete a Dios y con tus propias palabras ora así:

“Dios, sé que soy un pecador. Creo que Jesús fue mi sustituto cuando murió en la cruz. Creo que su sangre derramada, su muerte, sepultura, y su resurrección fueron para mí. Lo recibo ahora como mi Salvador. Te agradezco el perdón de mis pecados, el regalo de la salvación y la vida eterna, por su gracia misericordiosa. Amén.”

Abrázate de Dios y su Palabra, y reclama esta salvación por fe. Cree, y serás salvo. Ninguna religión ni ninguna obra buena puede salvarte. Recuerda, Dios es el que salva.

Resumiendo, el plan de Dios es sencillo: Tú eres pecador. A menos que creas que Jesus murió en tu lugar, pasarás la eternidad en el infierno. Si crees en él como tu Salvador, crees que fue crucificado, sepultado y que resucitó por ti, recibirás por fe el perdón de todos tus pecados y el regalo de la salvación eterna.

Quizá piensas que esto no puede ser tan sencillo pero sí lo es, la Palabra de Dios lo afirma. Amigo mío, cree en Jesús y recíbelo como tu Salvador hoy.

Si este folleto no está perfectamente claro, léelo varias veces, pídele a Dios que te ayude a entenderlo, y no lo deseches hasta que lo entiendas y esta salvación sea tuya. Tu alma vale más que el mundo entero.

“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36). Asegúrate de ser salvo. Si pierdes tu alma, también perderás el cielo y lo perderás todo. Permite que Dios te salve en este momento.

Dios tiene el poder para salvarte para siempre. El también te va a permitir que vivas una vida cristiana victoriosa. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

No confíes en tus sentimientos, pues ellos cambian, afírmate en las promesas de Dios, que nunca cambian. Después de que has sido salvado, hay tres cosas que tienes que practicar diariamente para crecer espiritualmente: Ora, de esta manera hablas con Dios; lee la Biblia, así es como Dios habla contigo; comparte esta salvación que has recibido con otros.

“Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor,” (2 Tim. 1:8). “Si alguien me confesare delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32).

EL PLAN DE DIOS PARA LA SALVACION

Un Asunto de la Vida o la Muerte

Más Versículos Bíblicos

Juan 3:16, 1 Pedro 2:24, Isaías 53:6, Santiago 1:15, Romanos 10:9-10, Efesios 2:8-9, Proverbios 27:1, 1 Corintios15:3-4, Juan 10:27-30, 1 Juan 5:13

La doctrina de la Trinidad - que Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo - son cada uno de igual forma y eternamente el único Dios verdadero - es sin duda difícil de comprender, y sin embargo, es el fundamento mismo de la fe Cristiana. A pesar de que los escépticos la ridiculizan como una imposibilidad matemática, es sin embargo, una doctrina básica de las Escrituras como también profundamente realista tanto en la experiencia universal como en la comprensión científica del cosmos.


Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento enseñan ambos la Unidad y la Trinidad de la Divinidad. El concepto de que hay un solo Dios quien creó todas las cosas es enfatizado en repetidas ocasiones en Escrituras tales como Isaías 45:18: "Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso..." Un ejemplo del Nuevo Testamento es Santiago 2:19: "Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan."

Las tres Personas de la Divinidad son reconocidas al mismo tiempo en Escrituras tales como Isaías 48:16: "Acercaos a mí, oíd esto: desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu." El que habla en éste versículo, obviamente es Dios, y sin embargo, El dice que ha sido enviado por "Jehová el Señor" (o sea, el Padre) y por Su Espíritu (o sea, el Espíritu Santo).

La doctrina de la Trinidad en el Nuevo Testamento se hace evidente en versículos tales como Juan 15:26 en el que el Señor dijo: "Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, él dará testimonio acerca de mí." Luego está la fórmula bautismal: "bautizándolos en el nombre del Padre, y del HIjo, y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19). Un nombre (Dios) - ¡y aun así tres nombres!

Que Jesús, como el unigénito Hijo de Dios, en efecto dijo ser Dios igual al Padre, está claro en numerosas Escrituras. Por ejemplo, El dijo: "Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso." (Apocalipsis 1:8).

Algunos cultos enseñan falsamente que el Espíritu Santo es una influencia divina impersonal de algún tipo, pero la Biblia enseña que El es una persona real, tal como lo son el Padre y el Hijo. Jesús dijo: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir."

La enseñanza bíblica con respecto a la Trinidad puede ser resumida así. Es una Triunidad en la que cada Pesona de la Divinidad es igual, completa y eternamente Dios. Cada uno es necesario y cada uno es distinto y aún así todos son uno. La tres Personas aparecen en un orden lógico y causal. El Padre es la Fuente invisible y omnipresente de todo lo que existe, revelado en y por el Hijo, experimentado en y por el Espíritu Santo.

El Hijo procede del Padre, y el Espíritu Santo del Hijo. Con respecto a la creación de Dios, el Padre es el Pensamiento detrás de la misma, el Hijo es la Palabra que la trajo a la existencia, y el Espíritu es la Acción que la hizo una realidad. Nosotros “vemos” a Dios y Su gran salvación en el Hijo de Dios, el Señor Jesucristo, y luego “experimentamos” esa realidad por la fe a través de la presencia y la habitación del Espíritu Santo.

Aunque estas relaciones parezcan paradójicas y para algunos completamente imposibles, ellas son profundamente realistas y su verdad es profundamente innata en la naturaleza del hombre. De allí que el hombre siempre ha captado primeramente la verdad de que Dios debe estar "allí afuera", presente en todas partes y que es la Causa Original de todas las cosas, pero ha corrompido este conocimiento intuitivo del Padre convirtiéndolo en panteísmo y finalmente en naturalismo. De igual manera, el hombre siempre ha sentido la necesidad de “ver” a Dios en términos de su propia experiencia y comprensión, pero éste conocimiento que Dios debe revelarse a Sí Mismo ha sido distorsionado en politeísmo e idolatría.

De allí que el hombre contínuamente ha eregido “modelos” de Dios, algunas veces en forma de imágenes esculpidas y algunas veces en la forma de sistemas filosóficos que pretenden representar la realidad esencial. Finalmente, el hombre siempre ha sabido que debe estar en condiciones de tener comunión con su Creador y de experimentar Su presencia “adentro”.

Pero ésta profunda intuición del Espíritu Santo ha sido viciada con varias formas de falso misticismo y fanatismo y aun hasta espiritismo y demonismo. Así que la verdad de la Triunidad de Dios es innata a la naturaleza misma del hombre pero éste frecuentemente la ha distorsionado y ha puesto un dios falso en su lugar.










De los profundos, oh Jehová, a ti clamo. Señor, oye mi voz; Estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica. JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Empero hay perdón cerca de ti, para que seas temido. (Sal. 130:1-4).


David sufrió increíblemente bajo la vara del Señor. Por todos lados, las cosas iban horriblemente mal en su vida. El enfrentó problemas abrumantes, enfermedades, tragedia tras tragedia, un reino tumultuoso. Sus problemas se remontaban tan alto que él no creía sobrevivir. Y clamó, “Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy hundido en cieno profundo, donde no hay pie: He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado. (Sal. 69:1-2).

Sin embargo sus problemas exteriores no le molestaban tanto como sus horrores internos. Él temía que el Señor le había abandonado. Él escribió, “Hazme puesto en el hoyo profundo, en tinieblas, en honduras” (88:6). “Sobre mí se ha acostado tu ira...” (verso 7). “...he llevado tus terrores...” (verso 15). “Sobre mí han pasado tus iras...” (verso 16).

David creía que Dios le había abandonado por su pecado-un pensamiento insoportable. Le suplicó al Señor, “No me anegue el ímpetu de las aguas, ni me suerba la hondura, ni el pozo cierre sobre mí su boca.” (69:15). El estaba diciendo, “¡Oh, Señor, por favor-no permitas que descienda tan profundo que no pueda salir!”

David tambien sufría por el escándalo que había causado en Israel. Su pecado fue descubierto, y todo el mundo lo sabía. Su pesar y su verguenza eran tan abrumantes que le rogó a Dios, “...No me pongas por escarnio del insensato.” (39:8).

David temía que Dios le iba a quitar la vida como juicio por su pecado. Cada momento de su vida estaba lleno de pensamientos de ser deribado en ira. El clamó, “Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues en tu ira.” (38:1).

Mientras que todas estas ansiedades caían sobre David, su corazón estaba lleno de temor de Dios. El confesó, “Acordábame de Dios,... y desmayaba mi espíritu.” (77:3). Esto es algo desconcertante. ¿Por qué se sentía molesto si todos sus recuerdos de la obra de Dios en su vida le habían dado gozo y felicidad? ¿Qué podía molestarle ahora?

David estaba ansioso porque todos sus pensamientos estaban concentrados en como Dios iba a tratar con su pecado. El sentía la vara del Señor sobre su carne, las flechas de la verdad penetraban en su alma con ferocidad: “Porque tus saetas descendieron a mí,...” (38:2).

La conciencia de este hombre se había convertido en una carga pesada. El sabía que había pecado contra todo el amor y luz que había recibido del cielo. El Señor en su misericordia le había librado una y otra vez de sus errores pasados. Y esta vez, David sabía que merecía ser echado a un lado. Así que cayó aún más profundo en tristeza y confusión, escribiendo, “Hanme comprendido mis maldades, y no puedo levantar la vista: Hanse aumentado más que los cabellos de mi cabeza...” (40:12).

Conozco un sin número de cristianos que son igual que David. Aman a Jesús-mas sin embargo han pecado horriblemente contra la luz que les fue dada. Han escuchado miles de sermones, han leído la Biblia diariamente por años, y han pasado inumerables horas en oración. Sin embargo han pecado contra todas las bendiciones de Dios. ¿Cómo? ¡Tienen un pecado que no han confrontado!

Con el tiempo, su pecado ha cortado su comunión con Jesús. Y ahora el Espíritu Santo ha señalado su hábito, poniéndolo en alto ante ellos. Él les está advirtiendo, “¡Basta ya-este pecado tiene que salir! No aceptaré que continues en él. Desde ahora, estás bajo plazo. He expuesto tu pecado ante ti-¡pero pronto puede ser expuesto ante el mundo! Ahora cada vez que entran en la casa de Dios, no pueden levantar el rostro. Y lloran como David, “ ¡Mis pecados son muy numerosos para contar! ¡Mi iniquidad se ha apoderado de mi, ni siquiera puede levantar mi rostro al cielo!”

Han perdido todo el gozo y la libertad que una vez disfrutaban. Ni siquiera pueden orar ni cantar con vida o poder. Y llevan a su alrededor un sentir de fracaso. Estan débiles, enfermos en alma, encorvados, listos para desmayar. ¡Y saben que su pecado ha cortado su comunión con Dios!

¿Es ésta una descripción de la condición de tu alma en este momento? Si es así, dale gracias a Dios por su misericordia. ¡El está implantando en ti un temor santo del Señor! Por eso es que te estas hundiendo en la profundidad de la convicción. ¡Estas bajo el peso de una conciencia atribulada!

Muchos Creyentes Sinceros Son Diligentes en Sus Esfuerzos al
Volver su Gracia en una Licencia-¡Sin Embargo Se Dan Cuenta
Que Su Caminar No Da la Medida Con Sus Normas Santas!


Muchos cristianos se sienten aliviados al saber que no estan incluídos en la lista de ofensas de Pablo: “No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Cor. 6:9-10).

Más cuando leen el verso que sigue, sienten la penetrante flecha de la verdad: “Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (verso 11). De repente, recuerdan un pecado que no pueden sacudir. Piensan, “Espera un minuto-he sido libertado y santificado. Así que, ¿por qué no puedo dejar este mal hábito? ¡No estoy verdaderamente libre!”

Quizás recientemente has regresado a una vieja lujuria. A lo mejor has visitado un sitio web pornográfico en el “internet”, o estas involucrado en adulterio o pecado homosexual. O quizás has robado a tu jefe, o estas bebiendo a escondidas camino a tu casa del trabajo. Cualquiera que sea tu mal hábito, tú sabes que no eres libre en esa área. Más Dios ha dicho claramente, “¡No entrarás a mi reino si sigues pecando!”

No te sorprendas si te sientes como David. Cada vez que el Señor ve a uno de sus hijos luchando con lujuria o con ataduras, Él se mueve rápidamente para traernos al camino de la obediencia, paz y descanso. ¿Cómo hace esto? ¡El trae condiciones a nuestra vida que nos obligan a confrontar nuestro pecado!

A menudo esto significa llevarnos a la profundidad, como Dios hizo con Jonás. El permite que sintamos su reprensión y que seamos tragados por nuestras circunstancias. Mientras cuando estuvo en la oscura profundidad Jonás clamó a Dios. ¡Y el Señor respondió rápidamente al clamor de su siervo, restaurándolo a su bendición y voluntad!.

¡La Oración de David Fue
Más Intensa en la Profundidad!



En desesperación, David clamó, “Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica.” (Sal. 130:2). Esto me suena al ruego de un hombre moribundo. Es obvio que David no estaba haciendo oraciones con el pensamiento. El estaba con el rostro en tierra-quebrantado, contrito, rogando a Dios desde lo más profundo de su corazón:

“¡O, Santo Dios Jehová-debes oir mi clamor! No puedo continuar. Mi pecado está ante mí, y me estoy hundiendo con temor y miedo. ¡Por favor, Dios, ten misericordia de mí!”

David sabía que su alma necesitaba liberación. Y él se volvió sólo a Dios para encontrar esa libertad. Él concluyó, “Estoy en una condición tan desesperada que sólo el Señor puede ayudarme. No puedo depender en consejeros, amigos, hasta familia. Mi única esperanza está en la oración. ¡Así que voy a clamar día y noche hasta que Dios escuche mi súplica!”

Muchos matrimonios cristianos necesitan la liberación que David buscaba desesperadamente. Por toda la tierra, veo parejas hundidas en la desesperación. Cónyuges que dicen amarse uno al otro, pero ni siquiera tienen consideración cuando se dirigen la palabra. Demuestran más bondad a un extraño que a su cónyuge. Con el tiempo, su hogar se ha convertido en un congelador de maldad. No se dan cuenta, pero están cayendo en destrucción, perdiendo todo control en su relación.

Quizás tu matrimonio ha caído. Tú y tu cónyuge han caído a lo profundo, y te despiertas pensado si habrá esperanza. Últimamente, has sido tentado a dejar la relación por completo.

Amado, ¡necesitas despertar y reconocer tu condición! Has caído en un hoyo oscuro, lleno de actitudes impías. Y esta condición no desaparecerá sola. Si no tomas control, empeorará hasta que finalmente terminará con tu matrimonio.

¡Despierta ahora a la voz del Espíritu Santo! Hay pecado en tu matrimonio-y es cometido por ambos, tú y tu cónyuge. Tienen que confrontarlo, ¡o permanecerán en el fondo de la oscuridad para siempre!

Así que, ¿a quién estás llevando tus penas? ¿Te estás desahogando con tu mejor amigo? Si es así, ¿estás creando un caso contra tu cónyuge? Si estas viendo a un consejero, ¿estarás buscando una justificación para terminarlo todo?

Por favor no se confundan-yo creo en la consejería matrimonial. Pero si quieres llegar al fondo del problema, sólo existe un lugar donde ir. No tienes que mirar más lejos que tu propio corazón. Y, como David, ¡necesitas clamar al Señor por misericordia!

¿Te encuentras tan desesperado como David? ¿Te has encerrado con el Señor, te has postrado y has gemido ante Él? Una oración aburrida, callada y haragana no logrará nada. Si no estás descargando tu corazón ante Dios, realmente no quieres sanidad-¡quieres alejarte de Él!

David testificó, “...Bramo a causa de la conmoción de mi corazón. ...Y mi suspiro no te es oculto.” (Sal. 38:8-9). Tienes que clamar a toda voz, como David, “¡Señor, escucha mi súplica! ¡No te dejaré hasta que me contestes!”

Déjame ilustrarte la clase de desesperación que David experimento. Suponte que vas camino a casa. Al doblar la esquina de tu calle, ves camiones de bomberos estacionados frente a tu casa. Humo negro está saliendo de las ventanas, todo el lugar está a punto de encenderse en llamas. Y tú sabes que tu cónyuge e hijos estan atrapados adentro.

Dime-¿cuán calmado y callado estarías en ese momento? ¿Cuánto tiempo estarías sin hacer nada, ¿esperaràs que el fuego se apague por sí solo? Te sentarías ahí calladamente orando, “¿Jesús, espero que tú apagues el fuego?” ¡No! Si tuvieras amor en tu corazón, ¡correrías a tu casa a través del humo y tratarías de hacer algo!

Si tu matrimonio está en problemas, entonces tu hogar se está quemando-¡y tu relación está ardiendo en llamas! Y si tú permites que este fuego continue, ¡vas a perderlo todo!

Pues, ¿tienes el temor de Dios por tu matrimonio? ¿Te sientes cargado con culpabilidad y condenación acerca de tu parte en su desintegración? Si es así, no trates de calmar tu conciencia. Dios te está mandando Su palabra fuerte porque te ama. En forma misericordiosa, Él te está advirtiendo, tratando de despertarte antes que te autodestruyas. Así que corre a Él, y ora con toda diligencia. Es ahí donde comienza la sanidad-¡llamando Su Nombre con urgencia!

David Sabía que No Podía Permancer en la
Profundidad de la Desesperación Por Mucho Tiempo,
O Sería Destruído


David sabía que necesitaba una palabra que cambiaría su vida, o toda esperanza sería perdida. Así que clamó, “JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse?” (Sal. 130:3).

Si yo interpretara las palabras de David en el idioma moderno, sonarían así: “Oh, Señor-yo te veía como el gran investigador privado en el cielo-trazando todos mis movimientos del día, tomando nota de todos mis fracasos, grabando mis llamadas telefónicas, escuchando cada uno de mis pensamientos, grabando en video cada uno mis pasos, desarrollando un caso diariamente contra mí. Y has acumulado suficiente prueba para condenarme para siempre.

“Señor, con toda la evidencia que has acumulado, ¿qué oportunidad tengo? ¿Cómo podré mantenerme, cuando mis propias palabras malignas y hechos secretos testifican contra mí? ¿Qué otra cosa puedo hacer sino esperar ser juzgado y condenado?

“Todos los días despierto temiendo tu horrible ira contra mi pecado. ¿Quién puede mantenerse ante un Dios santo que castiga la iniquidad? Ni siquiera el alma más santa, humilde y confiada puede escapar tu juicio. Y si ellos no dan la medida con tu ley, ¿qué oportunidad tengo yo? ¡He pecado más que todos ellos!

“Yo sé que mi pecado no te agrada, Señor. Y sé que no permitirás que continue. Pero si no veo aunque sea una señal de tu misericordia, pronto, seré destruido. Mi alma está desecha, sin esperanzas. ¡No puedo seguir!”

Muchos cristianos luchan como David. Cuando el temor santo y justo de Dios es implantado en su alma, Su terrible majestad acampa sobre ellos. Ríos de Su ley señalan directamente a su corazón, y comienzan a languidezer en agonía. Como David, claman, “Señor, ¿quién puede estar delante de ti? ¿Quién puede soportar tu santidad?”

Nuestro ministerio recibe cartas regularmente de cristianos sinceros que luchan contra la homosexualidad. El tono de sus escritos suenan como la agonía de David. Muchas de estas personas preciosas han crecido en la iglesia, y aman a Jesús con todo su corazón. Pero no pueden liberarse de su lujuria homosexual. Terminan en la desesperación, destrozados bajo la culpabilidad y la condenación. Un desesperado jóven escribió, “Pastor David, si no encuentro una liberación rápida de esta atadura, no tengo otra opción. Me voy a quitar la vida.”

Trágicamente, una gran multitud de homosexuales, lesbianas, alcohólicos, y drogadictos se han quitado la vida porque han caído tan hondo en la profundidad. No podían escapar saber que le estaban fallando a Dios contínuamente. Y constantmente pensaban, “Debo tener el poder para vencer esto, pero no lo tengo. ¿Cómo podré librarme?”

Jonás hizo la misma pregunta. El estaba literalmente en el fondo, en el piso del oceano, sin poder escapar su dilema. El también clamó, “Echásteme en el profundo, en medio de los mares, Y rodeóme la corriente; Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí. Descendí a las raíces de los montes...” (Jonás 2:3-6).

Según Jonás, ¿quién lo lanzó a la oscura profundidad? ¡El Señor! Ciertamente, fue Dios quien llevó al profeta al mismo fondo y preparó un gran pez para que se lo tragara. Cuando Jonás llamó sus problemas “tus ondas y tus olas,” él se estaba refiriendo al Señor.

Sin embargo, Dios no estaba enojado con Jonás, solamente contando sus pecados. Entonces, ¿por qué permitió que esto le sucediera a él? ¿Por qué lo envió a lo profundo? ¡El quería detener a su siervo de huir de Su voluntad! El quería que Jonás siguiera su plan, para que fuera bendecido. En resumen, ¡Dios llevó a Jonás a las profundidades para restaurarlo!

Jonás 2:2 nos dice exactamente lo que Dios buscaba: “Clamé de mi tribulación a Jehová, Y él me oyó; del vientre del sepulcro clamé, Y mi voz oiste.” El Señor estaba esperando que Jonás se volviera a Él-¡que clamara sólo a Él! “Y yo dije: Echado soy de delante de tus ojos: Mas aun veré tu santo templo.” (verso 4). “Cuando mi alma desfallecía en mí, acordéme de Jehová...” (verso 7).

En la actualidad, el Señor hace lo mismo con nosotros: Él nos liberta al permitirnos decender a la profundidad. Él permite que nos hundamos en la desesperación acerca de nuestro pecado hasta que no tenemos otra alternativa que recurrir a Él. Y finalmente, desde el vientre de nuestro infierno clamamos, “¡Oh Señor, por favor escuchamos! He llegado al fondo, sin esperanzas. ¡Tienes que liberarme!”

Quizás has llegado al fondo de tu pecado. No puedes obtener la victoria sobre esa lujuria o amargura que te asedia. Y ahora el Señor ha permitido que desciendas a las profundidades. Sin embargo, todo es con un propósito. El espera que, como Jonás, tu “mires hacia Él.”

Tenlo por seguro, que cuando Jonás clamó al Señor, Dios lo libró rápidamente: “Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.” (verso 10). Dios le dijo al pez, “Basta ya-ahora vomítalo. ¡Mi siervo me ha llamado, y le voy a contestar!”

Tu padre celestial no quiere que permanezcas en el fondo, desmayando bajo la pesada carga de la culpa y condenación. Su deseo es que aprendas tu lección allí-¡y que dependas de Él!.


Demasiados Cristianos Permanecen en
la Profundidad, en Desaliento Total.

Para muchos creyentes, hundirse hasta el fondo significa el final. Se abruman tanto por sus fracasos que desarrollan un sentido de que no son dignos. Y con el tiempo se sienten atrapados sin esperanzas de ayuda alguna. Isaías escribió acerca de tales creyentes, “Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo...” (Isaías 54:11).

A veces algunos se enojan con Dios. Se cansan de esperar a que Él se mueva. Así que claman en forma acusante, “Señor, ¿dónde estabas cuando te necesitaba? Clamé a ti para que me libraras, pero nunca contestaste. Hice todo lo que puedo hacer, mas no he sido liberado. ¡Estoy cansado de arrepentirme y de llorar, sin ver el cambio!” Muchos creyentes sencillamente dejan de luchar y se entregan a su lujuria.

Otros caen en neblinas de apatía espiritual. Estan convencidos que Dios no se interesa por ellos. Se dicen a si mismos, “...Mi camino es escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio...” (40:27). “...Dejóme Jehová, y el Señor se olvidó de mí.” (49:14).

Aún otros terminan poniendo toda su atención en su pecado, tratando de mantenerse en un estado de constante convicción. Sin embargo, esto sólo hace que esten desconcertados, clamando, “...Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos: ¿cómo pues viviremos?” (Ezequiel 33:10) El hecho es que sentir convicción no es un fin en si mismo. Cuando somos humillados por la culpabilidad y la tristeza acerca de nuestro pecado, no estamos supuestos a quedarnos con esos sentimientos. Estan supuesto a llevarnos al final de nosotros mismos-¡y a la victoria en la cruz!.


David Fue Sacado de la Profundidad al
Recordar la Naturaleza Perdonadora de Dios!


Después de tanto llorar y clamar al Señor, David terminó testificando, “Empero hay perdón cerca de ti, Para que seas temido.” (Salmo 130:4). El Espíritu Santo comenzó a inundar su alma con recuerdos de la misericordia de Dios. Y repentinamente, David recordó todo lo que había aprendido acerca de la naturaleza perdonara del Padre. “...Tú empero, eres Dios de perdones, clemente y piadoso, tardo para la ira, y de mucha misericordia,...” (Neh. 9:17).

David comenzo a regocijarse, recordándose a si mismo, “Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan.” (Salmo 86:5). “El es quien perdona todas tus iniquidades,...” (103:3).

Esta es una de las promesas fundamentales del Nuevo Pacto. Jeremías declara, “...porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” (31:34). Y Pablo añade en el Nuevo Testamento: “...perdonándoos todos los pecados,” (Colosenses 2:13). ¡Dios nos ha prometido perdón para cada pecado!

Sin embargo, esta promesa de perdón está limitada a ciertas personas. ¡Solamente se aplica aquellos que han sido aplastados y estan enfermos por sus pecados...quienes han llegado a la profundidad de culpabilidad...quienes han soportado el examen del alma por el Espíritu Santo...quienes se han arrepentido y se han vuelto a Cristo en fe!

Jesús mismo dice que no todo el que dice, “Señor, Señor,” entrará al reino de Dios. Tristemente, multitudes de cristianos no sienten molestia alguna por su pecado. Sus malos hábitos no le molestan en lo más mínimo. Se han convencidos a si mismos que Dios es tan misericordioso y tan lleno de gracia, que les perdonará aunque continuen tercamente en pecado.

No - ¡nunca! ¡Se han apropiado de una paz falsa! Han ahogado las convicciones, búsquedas y tratos del Espíritu Santo. ¡Han buscado perdón antes que la culpabilidad madure y se convierta en tristeza piadosa!.

Al mismo tiempo, el perdón de Dios se puede obtener tan sólo a traves de la fe. No podemos razonarlo. El don de la sangre expiatoria de Cristo es tan profundo, tan lleno de gracia, tan misterioso, que está más allá de la capacidad del entendimiento humano. Podemos ver la ley claramente aplicada a nuestro pecado. Podemos sentir condenación, temor y culpa por nuestras deudas. Pero nuestro Padre celestial está amorosamente a nuestro lado todo el tiempo, listo para perdonar. La sangre de Cristo, el amor del Padre, el deseo de perdonar del Señor-todas estas bendiciones son conocidas sólo por fe: “...Que el justo por la fe vivirá.” (Gálatas 3:11).

Quizás piensas - ¿cuántas veces te perdonará el Señor por cometer el mismo pecado una y otra vez? Esta seguro, que Su increíble perdón es ilimitado. Cada vez que pecas, puedes ir a Jesús y encontrar liberación. Sin embargo el perdón del Señor no es ciego. Puedes estar seguro que nuestro Padre celestial nos perdona-pero hasta cierto punto, Él nos castiga para que no sigamos en ese pecado.

Cuando mis cuatro hijos estaban creciendo, tuve que castigarlos por portarse mal. Los llamaba a mi habitación para pegarles-y cuando veían la correa en mis manos, comenzaban a llorar. Gritaban, “¡No, papi! Lo siento. ¡Por favor, perdóname!”

Yo los perdonaba. Pero eso no quitaba que les aplicara la correa. Yo sabía que si no les pegaba, iba a perder significado para ellos-se convertiría en un chiste en vez de una fuente de disciplina. De igual manera, la ley de Dios existe para recordarnos sus normas santas. Es una lumbrera de Su santidad, recordándonos de Sus caminos - ¡y que Él hace lo que dice!

Déjame dejarte con una palabra de esperanza. Si estás en las profundidades ahora mismo por tu pecado-si estás llorando porque la vara del Señor esta en tus espaldas-animate. El te está castigando por Su tierno amor. ¡El te está hundiendo porque El quiere que conozcas Su temor!

Exáctamente, ¿qué significa temer al Señor? Significa poder decir, “Sé que mi Padre me ama. Estoy seguro, le pertenezco, y sé que El nunca me abandonará. El siente mi dolor cada vez que lucho. Y El es paciente conmigo mientras lucho contra el pecado. El siempre está listo para perdonarme cada vez que le llamo. Pero tambien sé que El nunca va a permitir que continue desobedeciendo Su palabra. Mi Padre celestial no me librará de la corrección-¡porque Él me ama profundamente!”

Ese es el punto final de todo. Dios quiere que aceptemos Su perdón para que le temamos. “Empero hay perdón cerca de ti, Para que seas temido.” (Salmo 130:4). Una vez que temamos al Señor, querremos más que obedecerle. Querremos agradarle, poner una sonrisa en Su rostro. ¡Ese es el resultado bendito del temor santo de Dios!.

La apóstol Wanda Rolón fue llamada por Dios a servirle en 1983. Hizo sus estudios teológicos en el Instituto Interdenominacional Teológico, obtuvo su certificación en Consejería Pastoral del Centro de Consejería Sendero de la Cruz y un Doctorado en Divinidad de Vision International University.

Sus comienzos en Toa Alta fueron con una congregación de siete personas. Junto a su esposo, el Pastor Pablo Ortega, fundó la Primera Iglesia Cristiana La Senda Antigua. En 2000, inauguró el Tabernáculo de Alabanza y Restauración La Senda Antigua para 5.000 personas. Es conferencista a nivel local e internacional, y participa como oradora invitada en diferentes actividades gubernamentales en Puerto Rico.

Con un llamado definido hacia la alabanza y la adoración, ha grabado 12 producciones musicales.

La apóstol Rolón es fundadora y presidenta del Movimiento Conciliar de Restauración La Senda Antigua, Inc., que ofrece cobertura apostólica a pastores e iglesias locales e internacionales, y del Movimiento Internacional de Mujeres de Poder, Propósito y Excelencia, que celebra un congreso anual.

También es fundadora y presidenta de SBN, la Cadena de Restauración Senda Broadcasting Network que llega a Norte, Centro, Sur América y Europa. En 2000 fundó la Academia Cristiana Yarah, en 2003 fundó el Centro de Retiros del Caribe La Senda Casona y en 2005, el Colegio Universitario La Senda Antigua.

Organizó y presidió, por varios años, la Fraternidad de Ministros en Restauración de Puerto Rico, convocando iglesias y pastores del país a marchas y vigilias para pronunciarse contra proyectos de ley contrarios a los principios bíblicos. Desde 2002 organiza y celebra la Vigilia Dios Alumbra Puerto Rico.

En 2006 fue nombrada Miembro Honorario de Manchester Who’s Who, y en 2008 recibió la llave de la Ciudad Toa Alta. Todo esto, bajo el lema de vida de la apóstol: “YO LE CREO A DIOS”.


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El Verbo hecho carne
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1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

2 Este era en el principio con Dios.

3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.(A)

7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.

16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.

17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Testimonio de Juan el Bautista
(Mt. 3.11-12; Mr. 1.7-8; Lc. 3.15-17)

19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres?

20 Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo.

21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías?(B) Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta?(C) Y respondió: No.

22 Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?

23 Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.(D)

24 Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.

25 Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?

26 Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis.

27 Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.

28 Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

El Cordero de Dios

29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

30 Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo.

31 Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua.

32 También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él.

33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo.

34 Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

Los primeros discípulos

35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.

36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.

37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús.

38 Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras?

39 Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima.

40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús.

41 Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo).

42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas[a] (que quiere decir, Pedro[b]).

Jesús llama a Felipe y a Natanael

43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme.

44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro.

45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.

46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.

47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.

48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.

50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás.

51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden(E) sobre el Hijo del Hombre.

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Las bodas de Caná
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1 Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.

2 Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.

3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.

4 Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.

5 Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.(A)

6 Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros.

7 Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.

8 Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron.

9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo,

10 y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora.

11 Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

12 Después de esto descendieron a Capernaum,(B) él, su madre, sus hermanos y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días.

Jesús purifica el templo

(Mt. 21.12-13; Mr. 11.15-18; Lc. 19.45-46)

13 Estaba cerca la pascua(C) de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén,
14 y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.

15 Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas;

16 y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado.

17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.(D)

18 Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?

19 Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.(E)

20 Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?

21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.

22 Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.

Jesús conoce a todos los hombres

23 Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.

24 Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos,

25 y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.


¿Qué significa llegar a ser un Cristiano, un creyente, un seguidor de Cristo? Algunos piensan que uno puede ser un Cristiano e ir al cielo simplemente yendo a la iglesia, a la sinagoga, o a la mezquita de vez en cuando. Otros creen que significa ser una buena persona, un vecino que ayuda o un ciudadano honorable. La Biblia, por otra parte, apunta hacia el único camino.

Al Salvador de toda la humanidad se le preguntó, “¿Cómo podemos conocer el camino?” La respuesta que dio el Hijo de Dios contiene la llave para el futuro de todo mundo: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Cuando aceptamos a Jesús como Salvador y empezamos una relación con Él, “nacemos de nuevo.” Jesús fue la primera persona que se registra en la Escritura que usó estas palabras. Mientras hablaba con uno de los líderes religiosos, Jesús dijo, “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Cuando usted ora sinceramente, pidiéndole a Jesucristo que lo perdone y lo limpie de sus pecados, la Biblia promete perdón para todos los pecados que usted haya cometido: “... la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (I de Juan 1:7).

Usted nace de nuevo cuando usted sigue estos pasos simples:

• Reconocer su necesidad de Jesucristo como su Salvador pidiéndo-Le que lo perdone de todos sus pecados.

• Apartarse del pecado (lo que usted hace que le causa dolor a Dios, a usted mismo, o a otros) y dejar de vivir en rebelión contra Dios y Su Palabra.

• Aceptar el sacrificio de Cristo en la cruz como pago final y completo por su pecado.

• Invitar a Jesucristo a que viva en su corazón como Señor y Salvador.

Cuando usted hace estas cosas, ¡Sucede un milagro! ¡Usted nace de nuevo! Jesucristo viene a vivir dentro de usted. Usted queda libre de la pena abrumadora del pecado. Conforme usted obedece los mandamientos de Dios y aplica Sus principios para su diario vivir, la transformación continúa. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas” (2 de Corintios 5:17).

Conforme usted Le permite tomar control y conforme usted escoge diariamente vivir en obediencia a Su Palabra, usted llega a ser más y más como Él.

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¡Empiece a leer la Palabra de Dios hoy mismo!

Así como el alimento es vital para su cuerpo físico, la Palabra de Dios es la nutrición espiritual que le ayudará a crecer más fuerte. Leer y obedecer la Palabra de Dios lo librará del pecado y de la tentación. La Biblia guiará su vida Cristiana: “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino” (Salmos 119:105).

Además de revelar el deseo de Dios de perdonarlo, de ayudarle a vencer la tentación, y mostrarle cómo tener vida eterna, la Biblia también puede contestar todas las preguntas importantes acerca de cómo vivir la vida en este momento.

Puesto que la Palabra de Dios es Su carta de amor y el mapa que muestra la vida exitosa para los creyentes, usted debe tomar tiempo todos los días para leer la Palabra de Dios. Tómese su tiempo conforme lee cada versículo, pidiéndo-Le al Señor que le ayude a entender la riqueza de la sabiduría de Dios contenida en Su Palabra. Con sólo dedicarle 15 minutos o más cada día, usted puede leer la Biblia completa en un año. Le recomiendo que empiece con el Evangelio de Juan (el cuarto libro del Nuevo Testamento) el cual le ayudará a entender más acerca de la nueva vida en Cristo. Evangelio de Juan.